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Está claro que la mendicidad es un tema gravísimo, especialmente en esta época que están expuestos al frío de la noche. ¿Cuántas veces hemos visto a los mismos mendigos en las calles de Viña del Mar? ¿Qué propones para este tema?
Siempre me ha llamado la atención un señor (frente a Falabella) que, lamento demasiado, era del Norte, precisamente de Arica. Su historia fue contada una vez en un programa de televisión. El llegó a viña por un trabajo, al pasar el tiempo quedó cesante y comenzó a volverse loco, hasta llegar a lo que es hoy, sin lugar a duda es algo muy triste y que a cualquier persona le puede suceder.
Hable con una persona que lo cuida de vez en cuando y esto fue lo que dijo: “cuando lo vi en la calle las primeras veces era un poco agresivo, siempre le pegaba a la gente que se acercaba a él y molestaba a las escolares, por eso lo ayudé.”
Los mendigos no nacieron en la modernidad. Los limosneros también tienen su historia en la antigüedad, y eso está grabado en textos antiquísimos, como La Odisea. Con un llamativo disfraz de mendigo, el buen Ulises decide ir a Ítaca, buscando la forma de visitar a Penélope y su hijo Telémaco. Por supuesto que ambos ni siquiera lo reconocieron. En su libro de vida, también MARTITA LARRAECHEA podrá contar que pudo vestirse de pordiosera, para ir a pasar algunas horas con los mendigos de la noche, que se cubren con cartones para capear el frío. Lo propio hizo SEBASTIÁN PIÑERA, que caracterizándose de mendicante, se acercó a las puertas de Chilevisión, donde él es amo y señor… y fue detenido a la entrada por los guardias, quienes no dudaron en sacarlo y alejarlo de ese lugar. En esa oportunidad, la primera palpó el frío y la inseguridad… y el segundo, captó que la gente modesta era más humana que los ricos.
En nuestra ciudad, basta caminar por la Av. Valparaíso, y podemos sumar decenas de personas: mujeres con guaguas (propias o prestadas), niños que ingresan a los locales y recorren las mesas de los restoranes.
Por más que las autoridades vigilen, patrullen, catastren, alerten, ronden, “aguaiten”, fichen a los mendigos de la Región de Valparaíso. Es la única manera de determinar que la mendicidad es un tema gravísimo, especialmente porque está muy claro que la situación del pordioseo está ad portas de transformarse en una costumbre, con una incurable solución. Este artículo, que está lejos de hablar de situación económica, tiene un objetivo demasiado humano.
En la parroquia de Viña me enteré que a Misa llega una mujer ebria. Un fiel de la religión señaló: “Acostumbra a entrar a misa terriblemente curada, pide plata a los fieles y deja un olor terrible.” “El otro día entró a misa, subió al altar y escupió en la cara al Padre, mientras oficiaba la Misa”.
Instalados en las calles más transitadas de Viña, como sucede en cualquier parte del país los pequeños heredan este arte. Acostumbrados a ser la compañía leal de su madre, vecina, amiga, etc., cumplen con el rol de atraer a peatones, transeúntes y conductores de la ciudad. Los niños se transforman en seres utilizados por sus mayores, porque logran cautivar la mirada y, muchas veces, rompen el corazón de los ciudadanos que deambulan por espacios públicos. Da lo mismo la edad, ya que encontramos desde pequeñitos de 1 a 5 años, hasta recién nacidos… desabrigados, desaliñados y con sus narices húmedas… todo eso capta más la atención. Desde la plaza sucre, siguiendo por AV. Valparaíso. Sin tomar en cuenta los pequeñitos que te persiguen para que les compres Gomitas de mentas o parches curitas.
Mendigos desequilibrados (porque no han tenido tratamiento adecuado), borrachas que entran a misa que necesitan rehabilitación, son parte del paisaje abandonado… un paisaje que está ahí, pero –muchas veces- se ignora.
Cuando escribo, lo hago como ciudadana, humana, que pide en nombre de sus congéneres algunas cositas simples y de fácil solución. En nuestro país existen, aproximadamente, 7.250 personas de la calle; ¿cuántas de ellas pertenecen a Viña del Mar y la región de Valparaíso? Hace frío… ese mismo frío que nosotros pasamos, abrigaditos, ellos lo soportan en la calle. Unamos fuerzas, en beneficio de estas personas. Es una forma de hacer cultura en nuestra ciudad jardín y toda la Región.
Uno más uno son uno y uno son tantos como uno
Hace 14 años
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